El Gobierno autónomo espera que estos tubérculos, que llegaron de Latinoamérica en el siglo XVI, se conviertan pronto en Denominación de Origen, si la Unión Europea así lo considera. Para ello ha elevado un pliego en el que se fundamenta desde la composición química a la historia, pasando por la forma de cultivo de este producto que hace las delicias del comensal, sobre todo, con el impagable aderezo de un buen mojo.