Se venden como productos para la pérdida de peso, evitar la caída del cabello, mejorar la práctica deportiva o, incluso, para prevenir síntomas de enfermedades. Se presentan en forma de píldoras, ampollas o sobres y los podemos encontrar en farmacias, parafarmacias, herbolarios, gimnasios y en Internet.
Son los complementos alimenticios, en los que los europeos nos gastamos al año 1.500 euros y cuya definición legal, es más limitada de lo que nuestra confianza, con frecuencia ciega, espera de ellos. Los complementos no son otra cosa que “productos alimenticios cuyo fin es complementar la dieta normal, consistentes en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias”