Con la llegada del verano y el calor, algunos ya tiemblan al pensar en conectar el aire acondicionado o el ventilador y recibir la cada vez más temida factura de luz que no da tregua al consumidor.
Es el caso de Azucena (nombre figurado), que vive en Madrid de alquiler en un piso de 40 metros cuadrados con su pareja en el distrito de Argüelles y no gana para disgustos con su compañía eléctrica. “El año pasado eran las estimaciones, un mes me cobraban 50 euros y al otro me llegaban 200. Era una locura. Y ahora que se acerca el verano a ver qué susto me dan”.