El nuevo informe difundido por Transparency International (TI) "El Informe Global de la Corrupción 2009: La corrupción y el sector
privado (IGC)" muestra de qué manera las prácticas de corrupción se
convierten en una fuerza destructiva que debilita la competencia leal,
retarda el crecimiento económico y, en definitiva, atenta contra la
existencia misma de las empresas. Es fundamental: “Impulsar una cultura de integridad corporativa para
proteger las inversiones, incrementar el éxito comercial y asegurar la
estabilidad que buscan países ricos y pobres por igual, especialmente
mientras se sale de una crisis histórica” . Según el Informe, si bien casi el 90% de las 200 principales compañías
mundiales han adoptado códigos de prácticas empresariales, menos de la
mitad afirmaron monitorear su cumplimiento. En consecuencia: la integridad corporativa es rentable. Se ha comprobado que las
compañías con programas anticorrupción y pautas éticas sufren hasta un
50% menos de incidentes de corrupción, y tienen menores probabilidades
de perder oportunidades comerciales que aquellas que no poseen este
tipo de programas. Si bien existe un amplio acceso a las herramientas
para combatir la corrupción en las empresas, éstas deben acelerar su
implementación. La falta de confianza en la ética corporativa que
se evidenció durante la actual crisis económica, hace más urgente aún la
necesidad de promover mecanismos contra la corrupción, como parte
integral de las operaciones de una compañía. Los directores ejecutivos con visión de futuro, ya están actuando
enérgicamente contra la corrupción y reduciendo los riesgos para
asegurar el crecimiento sostenible de sus empresas, basado en la
integridad como eje de sus operaciones.