Somos un país energéticamente dependiente, contaminante y caro. Tres razones que deberían bastar para recibir el decreto que regula el autoconsumo en España con los brazos abiertos. Pero no es así. Los más críticos con el documento, que se encuentra en estos momentos en fase de estudio en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), aseguran que acaba de un plumazo con esta actividad en nuestro país porque impone el denominado impuesto al sol, ahora llamado “cargo por otros servicios al sistema”. Se confirma, de este modo, la tesis de que en esta vida no hay nada gratis, ni siquiera la luz del sol.
Evidentemente, el Ministerio de Industria no está de acuerdo con esta afirmación y asegura que la normativa, que acaba de sacar a información pública, además de ser solidaria, permitirá la implantación de este tipo de instalaciones cuando resulte eficiente para el sistema eléctrico en su conjunto, y no individualmente para un consumidor.