La información nutricional ha dejado de ser voluntaria y ha subido de categoría. Desde diciembre de 2016, el Reglamento 1169/2011 obligará a incluirla en todos los productos alimenticios, incluidos aquellos que producen empresas de catering y los comercializados a distancia.
Y ¿a qué tipo de datos se refiere? Al número de calorías o a la cantidad de carbohidratos de carbono, azúcares, proteínas, sal o grasas saturadas; información que se debe expresar por 100 gramos o 100 mililitros. Además, la etiqueta debe ofrecer la cantidad diaria que es recomendable tomar de un nutriente determinado, lo que permite calcular cuánto se está consumiendo y lo que falta para llegar a la cifra aconsejada.
Pero la información nutricional no es el único aspecto del etiquetado que ha cambiado recientemente. La nueva reglamentación lleva incorporando novedades desde hace poco más de un año, con el fin de lograr un etiquetado más claro. Algunas de ellas son el tamaño de la letra, la procedencia de la materia prima y la introducción de la información sobre alérgenos en la lista de ingredientes.