Confieso que no soy una loca de las rebajas, la imagen que aparece ante mí cuando pienso en ellas es la de una multitud de personas abalanzándose sobre cajones de ropa amontonada cuando se abren las puertas del centro comercial de turno. Me pregunto: ¿qué puede hacer que esas personas se comporten como hordas humanas, borboteando en su cerebro hormonas activadoras como el cortisol y la adrenalina, para obtener esa camisa o ese pantalón muchísimo más baratos, como contaba orgullosa una de las señoras en televisión? ¿Se activan los genes de nuestros ancestros cazadores ante el cartel grandes descuentos?
Una explicación alternativa la podrían proporcionar los manuales diagnósticos cuando tipifican a compradores compulsivos embriagados de consumismo que sirve de tapadera a sus estados depresivos, ansiedad o falta de autoestima. Otra idea es que son compradores incautos víctimas de una sociedad consumista, expuestos a timos y tomaduras de pelo como advierten las asociaciones de consumidores. Todas estas personas encantadas con los descuentos no parecen descendientes de Atila, enfermos mentales o bobalicones consumistas. "¡Me voy de rebajas!" es para muchos un momento social, lúdico e inteligente. ¿Qué les motiva?