La carne es rica en proteínas y en agua, lo que la hace susceptible a la contaminación bacteriana. La carne fresca tiene una vida corta y debería cocinarse antes de las 72 horas tras la compra. Si no, es preferible congelarla. Con la congelación se detiene la actividad de los microorganismos y de las enzimas (proteínas activas), lo que retrasa la alteración durante largos periodos de tiempo. Además, se inhiben los microorganismos patógenos en su crecimiento, lo que permite que se mantenga en condiciones de seguridad. Pero, ¿cuál es la mejor forma de congelar la carne? ¿Puede conservarse en su envase original o es preferible cambiarlo? El artículo explica cómo hacer una congelación correcta y una descongelación eficaz de la carne.