El impulso de indicaciones geográficas (IGP) ha contribuido a que los productores de la Unión Europea abran nuevos mercados emergentes, en busca de alimentos de calidad. Muchos productos del sur de Europa como el aceite de oliva o el vino han tenido éxito en terceros países por su gran calidad.
De este modo, la Comisión Europea ha conseguido abrir nuevas posibilidades comerciales para los agricultores y ganaderos europeos, y, por ello, las exportaciones agroalimentarias de la UE han aumentado.