El problema de la contaminación es uno de los primeros que nos suele venir a la mente cuando pensamos en la situación del mundo, puesto que la contaminación ambiental ya no conoce fronteras y afecta a todo el planeta.
A nivel global, los agroecosistemas producen en general graves y crecientes impactos ecológicos como: desforestación, desertificación de extensos territorios, destrucción de suelo fértil, difusión de tóxicos biocidas en el ambiente, sobreexplotación y contaminación de acuíferos, pérdida de biodiversidad.
Los agrosistemas insulares, especialmente sensibles a esta
problemática global, pueden afrontarla desde la
agricultura familiar, reconvirtiendo nuestros factores limitantes en señas de identidad.
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