La consejería de Sanidad, a través de la Dirección General de Salud Pública, recuerda que la exposición al sol sin protección puede provocar la aparición de enfermedades graves como el cáncer de piel, por lo que la prevención adquiere importancia fundamental entre los consejos para un verano saludable.
El cáncer de piel en general y el melanoma en particular, que es uno de los más agresivos, unido al aumento de patologías menores como la intolerancia o las alergias solares, hacen imprescindible el uso de una adecuada protección solar.
La actividad de los rayos UVA y UVB es la responsable de un aumento de la pigmentación cutánea (piel morena) muchas veces buscada, pero que no debemos confundir con estar más sano, ni parecer más delgado, ni aparentar tener una piel más tersa: el bronceado es una situación pasajera que podemos pagar con un gran daño para la piel.
La radiación solar ataca las membranas de las células de la piel y acelera el envejecimiento cutáneo, ataca la inmunidad, y propicia la aparición de tumores benignos e incluso malignos como el melanoma. El bronceado de la piel es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo ante esa radiación.
El daño solar es acumulativo (la piel tiene memoria) por lo que es muy importante estar fotoprotegido desde los primeros años de vida. Las quemaduras solares de segundo grado, especialmente en la infancia, multiplican por dos las posibilidades de desarrollar un melanoma, tumor de la piel que tiene una incidencia de entre ocho y nueve casos anuales por 100.000 habitantes y que, aunque en un 85 por ciento de los casos se cura, en el 15 por ciento restante tiene un mal pronóstico.