Desde que las personas se despiertan hasta que se vuelven a dormir, consumen casi tan automáticamente como respiran. Se lavan los dientes, comen, descartan envoltorios, se visten, toman clases, miran películas, publicidades, entre muchas otras cosas. Escaparse del consumo puede ser, en este sentido, un laberinto sin salida. Pero cada vez empiezan a generarse mayores alternativas que plantean que un punto de fuga es posible.
Basta pasear un poco por la Ciudad para encontrar que cada vez son más los negocios y locales que promueven un consumo distinto, un consumo responsable.