Aprender a interpretar la información de los envases tiene numerosas ventajas. Por un lado, mejora la seguridad alimentaria de nuestra dieta: permite conocer la fecha de caducidad del producto o las condiciones de su conservación y utilización, además de identificar los conservantes y aditivos que contiene. Por otro, gracias a esos datos, las personas alérgicas o intolerantes a algún nutriente pueden detectar ingredientes que afectan a su salud. Además, facilitan a los consumidores hacerse una idea de la relación que existe entre el precio, la cantidad y la calidad del alimento. Pero ¿sabemos interpretar realmente lo que leemos? Aquí van algunas pistas.