En los últimos meses los ciudadanos están siendo bombardeados por todos los medios (correos electrónicos, llamadas telefónicas, cajeros automáticos) con sorprendentes ofertas de dinero. Préstamos preconcedidos, rápidos e inmediatos o aplazamientos de los recibos en varias cuotas. Parece que los bancos no saben qué hacer con el dinero.
Es sospechoso este cambio de papeles. Ya no es el particular el que va a una entidad financiera a solicitar un préstamo que le exige determinadas condiciones. Ahora el banco tiene más necesidad de prestar dinero que el ciudadano de solicitarlo.