Los niños reciben infinidad de mensajes de alimentación poco saludable, la mayoría de ellos procedentes de una publicidad protagonizada por sus dibujos preferidos, vinculada a premios o regalos, o con colores y canciones llamativas dirigidos a llamar su atención.
Pero los niños no tienen el juicio necesario para saber lo que les conviene, solo lo que les gusta. Es un público especialmente vulnerable y sin un criterio formado para responder racionalmente a determinados estímulos. Por eso, OCU cree que la publicidad infantil debería regirse por unas regulaciones estrictas y obligatorias, algo que, actualmente y pese a las recomendaciones de instituciones como la OMS, no existe en España.