La economía española creció en 2018 un 2,6%, una décima más que lo que había adelantado el INE y cuatro décimas menos que en el año anterior. Sin embargo, la actividad acusa la ralentización exterior vivida en la segunda mitad de año. Las estadísticas dibujan una economía en la que las exportaciones pierden fuerza, la industria se frena y la inversión cae en el tramo final del año. Además, el consumo de los hogares se modera algo. Todo ello hace que se crezca al ritmo más lento de los últimos cuatro años. Pero aun así se compensa por tres factores: aunque todavía lejos de las cotas alcanzadas en la burbuja, la construcción vuelve a ser un motor y avanza con fuerza. El gasto público engorda a ritmos cercanos a los del PIB por primera vez desde que empezaron los ajustes. Salvo por la particularidad de 2015, aumenta al mayor ritmo desde principios de 2010. Y las familias han dejado su ahorro en mínimos históricos con tal de mantener su consumo e inversión: el 4,9% de su renta disponible.