Hemos hecho de nuestro hogar una verdadera fortaleza. Es el eje de nuestras vidas: en pleno confinamiento se ha transformado en un centro de trabajo, en un aula donde recibir educación, en una sala de gimnasio para practicar deporte, en un lugar de ocio, de celebraciones con la familia y un punto de encuentro con los amigos... Y ese refugio se han convertido en el centro neurálgico de cualquier tipo de consumo y decisión de compra. Así seguirá siendo en la «nueva normalidad». Además, se ha colado en casa, por necesidad y de forma natural, un nuevo inquilino: el ecommerce, que por fin ha despegado con fuerza en un mercado como el español que le miraba con recelo.