Las vacaciones implican ciertos niveles de relajación que afectan a la alimentación, entre otros hábitos. Es habitual cierto desorden, menos atención a qué se come y tomar alimentos altamente calóricos, lo que se traduce en volver a la rutina arrastrando un par de kilos, expone la farmacéutica y nutricionista de Vithas València 9 de Octubre Mireia Benlliure.
Una medida para adelantarse al hambre es potenciar la ingesta de fibra, ya que la saciedad permite llegar a la mesa navideña con menos apetito. Los alimentos de alto índice glucémico (azúcares libres como mermeladas, zumos o hidratos de carbono de absorción rápida como pan o arroz blancos) fuerzan al hígado a liberar más insulina, mientras los picos de azúcar en sangre se traducen en sensación de hambre.