El incremento imparable del precio de los alimentos se refleja en la cesta de la compra y en la dieta de los españoles. El importe de los productos alimentarios sigue disparado y los hogares se han ido adaptando a esta subida. ¿Cómo? Consumiendo menos carne, menos pescado, menos huevos e incluso menos pan. Sólo dos productos vieron incrementar su ingesta: el vino con indicación geográfica protegida (D.G.P.) y los aceites que no son ni de oliva ni de girasol.