Una nueva planta de reciclaje textil que inauguró la empresa Renewcell en la pequeña ciudad costera de Sundsvall, Suecia, es tan grande que los empleados utilizan bicicletas para ir de un extremo a otro de la línea de producción.
Los grandes fardos de residuos de algodón se vierten en cintas transportadoras, se trituran y, con la ayuda de productos químicos, luego se descomponen en un lodo húmedo. Esa pasta, conocida como pulpa disuelta, se blanquea, se seca, se estampa en hojas de lo que parece ser papel reciclado para manualidades, se le da el nombre de marca Circulose, y se envía a los fabricantes para que se convierta en tejidos como viscosa para la ropa.