Nunca, ni en mis mejores sueños, tuve una esperanza realista de ver en España aquello que se anunció desde el Ministerio de Consumo en octubre de 2021: después de casi 20 años mirando hacia otro lado, la administración anunció que iba a arremangarse para regular de forma estrecha y eficaz la publicidad dirigida a los menores de productos que son, objetivamente, poco o nada saludables (me niego a llamarlos alimentos). Casi todas las personas que nos preocupamos por la nutrición de la sociedad en la que vivimos nos quedamos atónitas: felizmente atónitas, concretamente.