Si todo sigue su curso, en los próximos años un aluvión de productos sostenibles inundará el mercado europeo. Durarán más y se romperán menos; tendrán menos materias primas vírgenes y más secundarias; serán más eficientes en el consumo de energía y más fáciles de mantener; podrán actualizarse, repararse, reacondicionarse, reutilizarse o, en última instancia, reciclarse. Es en lo que está trabajando ahora la Comisión Europea (CE): en un reglamento sobre diseño ecológico de productos sostenibles que reducirán su huella de carbono, dejarán menos residuos y cerrarán su ciclo de vida contribuyendo así a dar un fuerte impulso a la economía circular.