Los criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza) han ido ganando peso en los últimos años en el sector turístico hasta convertirse en imprescindibles en las distintas actividades de la cadena de valor.
Por ello, ahora el reto pasa por definir cómo medir el impacto social de la actividad, de forma que se implique en el proceso a la población local: conocer cómo el turismo impacta en su día a día, beneficios del sector que les repercuten; cómo se sienten usando sus costumbres como commodities para atraer visitantes, etc.
Así, resulta necesario definir una herramienta que permita introducir a los residentes de los destinos en el ecosistema turístico para que se unan en su desarrollo futuro.