José Antonio ronda los 50 años. Debido a su dependencia cobra una pequeña pensión que administra como "si fuera el ministro de Economía de España" pero que no le da para ahorrar. Un día, la rotura un electrodoméstico y unos pequeños arreglos que debía realizar en su hogar hicieron temblar su cuenta bancaria. Y sucumbió a los cantos de sirena que le llegaban por tierra, mar y aire: "dinero fácil", "en cómodos plazos", "sin condiciones".