«En seguridad alimentaria, no hay mala suerte sino mala praxis»

Fecha: 
13/05/2024
Mario Sánchez es tecnólogo alimentario y se dedica desde hace años a comunicar sobre ciencia y alimentación en diversos medios, incluido EROSKI Consumer. Desde que comenzó su carrera ha explorado casi todos los formatos: vídeos, podcasts, artículos… Y ahora también incursiona en los libros. En 2023 publicó ‘A tomate pocho no le hinques el diente’ (Plataforma Editorial) con la intención de abordar «con un poco de humor» los principales temas de seguridad alimentaria. «Es complicado trasladar esta información sin que la gente tenga la percepción de ‘uy, lo estoy haciendo todo mal, me voy a morir mañana’ —reconoce—, pero hay que intentarlo». Conversamos con él sobre su libro, sobre bacterias y aditivos, y sobre los desafíos que supone divulgar con rigor.
La Unión Europea tiene unos estándares muy altos de seguridad alimentaria, pero, como dice en su libro, otras regiones del mundo no ofrecen las mismas garantías de inocuidad. ¿Se pueden hacer buenas prácticas de seguridad alimentaria con pocos recursos?

Es complicado. En algunos contextos, la seguridad alimentaria —entendida como esa garantía de evitar intoxicaciones— pasa a un segundo plano. En otras zonas del planeta, las prioridades son no morirse de hambre. Nosotros podemos hablar de seguridad alimentaria y profundizar en este privilegio, por así decirlo, porque ya tenemos unas bases muy seguras en términos de garantía de alimentos.

Sin embargo, parece que nos hemos relajado y que pensamos en las intoxicaciones como «un dolor de barriga». ¿Les restamos importancia?

Muchas veces leo comentarios del estilo «pues mi abuela vivió 90 años y nunca le ha pasado nada». Al final, como es una cuestión de probabilidad pequeñita en comparación con el número de veces que lo podemos hacer mal, la gente no tiene una percepción real de que esto sea un peligro. Si ponemos números sobre la mesa y lo ponemos en contexto, hay un riesgo bajo de que te suceda algo. Pero es verdad que, cuando sucede, puede haber casos graves e incluso mortales. 

¿Cómo podemos disminuir el riesgo en casa? ¿Qué tres cosas mejorarían nuestra seguridad?

La prioridad número uno es el lavado de manos con agua y jabón. Es lo más fácil y, también, en lo que más solemos errar, porque hay que lavarse las manos antes de cocinar y durante el cocinado, cuando manipulamos alimentos y utensilios. Otra medida útil es tener separadas las superficies de contacto, como las tablas de cortar, y no mezclar alimentos crudos con cocinados. Y, en tercer lugar, algo que ayuda en términos de seguridad alimentaria y de aprovechamiento de recursos: guardar bien los alimentos en el frigorífico. Debemos poner en la parte delantera los que se vayan a echar a perder antes, para usarlos también antes y tener un control más adecuado de las fechas de caducidad. 

¿Pasa algo si estiramos un poquito la fecha de caducidad?

Sí. La fecha de caducidad es un periodo que no deberíamos sobrepasar. Se aplica a alimentos perecederos, como los frescos, las carnes, los pescados o los vegetales, que caducan pronto y se echan a perder. Pasada esa fecha, su vida útil ya no es segura porque puede contener un número de bacterias suficiente como para hacernos daño.

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