A todos nos ha pasado en alguna ocasión al abrir la nevera que nos hemos encontrado con un plátano negro, un limón con moho verde o una lechuga con manchas marrones o negras. En la mayoría de ocasiones, esta situación se resuelve tirando el producto de turno a la basura.
Esta acción que puede resultar común supone, sin embargo, un desperdicio alimentario que no solo podemos cuestionarnos desde punto de vista de la ética y la sostenibilidad: también significa un roto importante en nuestra economía personal si se trata de una práctica habitual en nuestro hogar.