La Dirección General de Consumo de la Junta de Andalucía anima a las personas consumidoras a ejercer un consumo consciente y responsable de los alimentos a través de la información que nos proporciona el etiquetado que los acompaña (en el envase, documento, rótulo, etiqueta, etc.).
La información alimentaria debe impedir la confusión. Por un lado, no debe confundir sobre las características del alimento y, en particular, sobre su naturaleza, identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, origen o procedencia y modo de fabricación y obtención. Esa información no debe atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee. No puede insinuar que el alimento posee características especiales, cuando, en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características; en este sentido, no pueden poner de relieve la presencia o ausencia de determinados ingredientes o nutrientes. Tampoco puede sugerir, mediante la apariencia, descripción o representaciones pictóricas, la presencia de un determinado ingrediente, cuando en realidad se trata de un componente presente de forma natural o un ingrediente utilizado normalmente en ese alimento.