Cada día, miles de personas reciben llamadas de su banco como parte de su servicio habitual: confirmar una operación, agendar una entrevista o recordar la recogida de una tarjeta. Sin embargo, en medio de estas interacciones reales, también acechan los estafadores, dispuestos a suplantar la identidad de empleados bancarios con el fin de obtener información confidencial o incluso engañan a sus víctimas para que hagan operaciones bancarias a petición del estafador.
Vivimos en un contexto donde la sofisticación de las estafas bancarias continúa en aumento. Las entidades financieras implementan nuevas estrategias para prevenir a sus clientes en la identificación de técnicas fraudulentas, al tiempo que optimizan las medidas internas de seguridad para proteger los datos personales de sus clientes.