El riesgo climático se ha convertido en un factor clave de inestabilidad financiera para la agricultura europea. Un estudio vincula directamente el aumento de sequías, olas de calor y lluvias extremas con el incremento de quiebras agrarias, al erosionar los ingresos, aumentar la volatilidad y generar costes ocultos para las explotaciones.
Esta situación provoca efectos en cadena como pérdida de empleo rural, cierre de empresas, encarecimiento de los alimentos y mayores dificultades de acceso al crédito. Los investigadores alertan de que ignorar estos riesgos compromete la seguridad alimentaria y reclaman medidas urgentes para reforzar la resiliencia climática del sector.