Actualmente vivimos en una etapa de cambios profundos, la tecnología ha avanzado a un ritmo que hace unos años parecía impensable, facilitando procesos y aportando soluciones en múltiples ámbitos de nuestra vida. Sin embargo, este progreso también trae consigo nuevos riegos, abriendo la puerta a formas de fraude cada vez más sofisticadas que aprovechan la brecha de conocimiento entre quienes desarrollan estas herramientas y los propios usuarios.
Según el último informe anual del Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe), los incidentes de ciberseguridad en España crecieron un 26% en 2025. Este incremento no es solo un dato de volumen: es un indicador de que el fraude digital ha cambiado de naturaleza, y esto no puede entenderse sin el papel de las nuevas tecnologías y, en particular, de la inteligencia artificial (IA), que está elevando el grado de sofisticación de las estafas digitales y dificultando cada vez más que los consumidores identifiquen el engaño.