Existía una gran preocupación entre las organizaciones de consumidores de toda Europa por la reforma del Reglamento 261 sobre derechos de los pasajeros aéreos. Era tal el temor de estos colectivos que incluso, en una acción coordinada por la Organización Europea de Consumidores (BEUC), enviaron una carta conjunta a ministerios de los Estados miembros y a europarlamentarios de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor y de la Comisión de Transportes y Turismo del Parlamento Europeo pidiendo reconsiderar algunos aspectos de la propuestas, sobre todo en lo que se refiere a compensaciones a los pasajeros en caso de cancelaciones y retrasos.