Los envases de comida y bebida, como botellas, tapas, envoltorios y bolsas, se han convertido en los grandes protagonistas de la basura que invade playas y litorales de todo el mundo. Un estudio reciente en 112 países confirma que la mayoría de estos residuos plásticos procede directamente de lo que comemos y bebemos a diario. La magnitud de la basura marina es tal que los investigadores advierten de que el reciclaje, por sí solo, ya no basta. Resulta imprescindible reducir la producción de plástico y replantear su uso: priorizar productos reutilizables, evitar envases innecesarios y apostar por sistemas que minimicen el desperdicio desde el origen. Como vemos a continuación, no se trata solo de gestionar mejor los residuos, sino de transformar la forma en que consumimos.