La deforestación en la Amazonía brasileña registró durante el primer semestre de 2026 su nivel más bajo en una década, con una reducción del 38 % respecto al mismo periodo del año anterior.
Según los datos oficiales, más del 80 % de las reservas ambientales permanecieron intactas, reflejando el impacto positivo del refuerzo de las políticas de vigilancia y control ambiental.
El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva mantiene como objetivo alcanzar la deforestación ilegal cero en 2030, apoyándose en una mayor fiscalización para preservar la biodiversidad y reducir las emisiones derivadas de la tala.