La seguridad, la eficiencia, la competitividad y el carácter innovador de los pagos electrónicos
es fundamental para que los consumidores, los comerciantes minoristas y las empresas en
general puedan aprovechar plenamente las ventajas del mercado único, y ello será cada vez
más cierto a medida que el comercio electrónico vaya desplazando al comercio físico. La
forma en que se adquieren bienes y servicios en Europa está experimentando un profundo
cambio. A medida que aumenta la actividad de los ciudadanos y las empresas de la UE fuera
de su país de origen, un funcionamiento fluido de los pagos electrónicos a escala
transfronteriza facilita sensiblemente su vida cotidiana. Partiendo de lo ya conseguido en el
ámbito de los pagos minoristas, Europa tiene la oportunidad de situarse a la vanguardia de lo
que «efectuar un pago» puede significar en el futuro, ya sea mediante tarjeta de pago, por
Internet o a través de la telefonía móvil.