Una mala situación económica, la falta de tiempo, la desorganización o los descuidos pueden derivar en situaciones de retraso o de impago de las facturas. Como consecuencia de ello, surgen desagradables recargos en forma de intereses por morosidad, además de las molestias y costes derivados de la necesidad de volver a dar de alta ciertos servicios. Para evitarlo, es aconsejable llevar a cabo una buena planificación, un seguimiento de las cuentas y plazos de pago de los recibos, y mantener una disciplina con el dinero dedicado a estos gastos.