Mucho ha cambiado en los últimos tiempos el ir de rebajas. Se acabaron las interminables caminatas por toda la ciudad en busca de esa incomparable ganga que nunca aparece. El comprador compulsivo del siglo XXI no sale de casa, no pasa frío, no pierde el tiempo de tienda en tienda y, sobre todo, no regresa al hogar con los pies destrozados y las manos vacías. El nuevo cazador de gangas se sienta cómodamente en su hogar frente a la pantalla del ordenador y busca en la red auténticas oportunidades, mientras se regocija ante una taza de chocolate caliente y sus pies reposan en el calor de las pantuflas de cuadros y compradas la pasada temporada.